En el vídeo te muestro algunas posturas de Yoga. Puedes ir de unas a otras, enlazándolas en un movimiento fluido. Está claro que el Yoga tienen muchísimos beneficios, ya hemos hablado de ello. Esta vez quiero centrarme en el descanso que te va a proporcionar. Un descanso y un sueño de mayor calidad.
¿Por qué el Yoga te va a ayudar a dormir mejor?
Te lo explico muy brevemente. Con la práctica, los niveles de estrés se reducen y la relajación se va haciendo cada vez más fácil, incluido el momento del descanso diario, el dormir. El Yoga, sea en movimiento o en posturas estáticas, es una meditación. Y por supuesto, la meditación en sí, aunque sea en sus primeras fases, también facilita mucho el descanso y la relajación, y reduce la dispersión mental. Favorece la producción de serotonina y melatonina, aumentando sus niveles, y activa el sistema parasimpático, lo que favorece un descanso profundo y de calidad.
La melatonina es una hormona que se produce en la glándula pineal de nuestro cerebro y regula el reloj interno, los ciclos de sueño y vigilia. Es el “reloj biológico” del cuerpo humano y determina su ritmo circadiano. La melatonina se produce a partir de la serotonina, conocida como “hormona de la felicidad”.
También está muy claro que el Yoga reduce la tensión muscular. Enseña a tomar conciencia de la respiración y a utilizarla en tu beneficio. Aumenta la capacidad pulmonar y así vas respirando más lenta y profundamente. Y por supuesto, desarrolla la capacidad de auto-observación. Todo esto también favorece un descanso de mayor calidad.
Si practicas Yoga por la mañana te ayudará a afrontar mejor el día, con más energía y con la mente más abierta. Y también descansarás mejor por la noche. Si lo practicas por la tarde/noche te ayudará más directamente a favorecer el descanso nocturno, el sueño.
En mis clases de Yoga te muestro y te enseño como puedes hacer mejor, en tu caso, en el aquí y ahora. Si no vas a clases de yoga y dedicas unos diez minutos al día a hacer, aunque sea algunas posturas de las que te muestro, (siempre y cuando las hagas a un nivel fácil para ti, despacito, muy consciente, sin forzar y siempre con una cierta comodidad), puedes beneficiarte mucho de ello. Si son unos veinte minutos antes de irte a la cama, lo notarás más en tu descanso, tus hábitos de sueño cambiaran a mejor, y si no, cuando a ti te vaya mejor será lo ideal.
Espero que te sirva. Aunque sea un poco, a veces significa mucho.
La percepción es algo fundamental a tener en cuenta, si queremos dejar de sufrir ante las dificultades o los problemas con los que lidiamos todos los días, sean leves, medianos o graves. Nuestras reacciones dependen totalmente de lo que percibimos. Lo que pensamos y sentimos ante cualquier cosa depende de la manera de verlo.
Los golpes de la vida son inevitables pero, como revelaba el Buda, el sufrimiento siempre es opcional.
Todos los humanos funcionamos en la vida cotidiana como si percibiéramos la realidad tal cual es. Desde ahí defendemos nuestras opiniones y creencias acerca de cómo son las personas y las cosas. Nuestro sistema de creencias depende de lo que percibimos. Y lo que percibimos se retroalimenta de nuestro sistema de creencias. Creemos que lo que vemos es real. Percibir parece ser un proceso pasivo mediante el cual captamos la realidad. Pero es justo lo contrario: percibir es un proceso activo mediante el cual la mente construye algo a partir de fragmentos de lo real. La mente humana recoge una pequeñísima parte de la realidad y con ese material elabora algo que toma como la realidad misma. Pero lo que se percibe no está ahí; sólo existe en la mente que lo ve. Es una representación subjetiva. Percibir es interpretar.
A nivel físico sabemos que la realidad es infinitamente más amplia de lo que captan nuestros sentidos. Y a nivel psíquico es evidente que la mente humana percibe de manera restringida y distorsionada. Cada uno ve las cosas a su manera. Y eso se demuestra con las diferentes interpretaciones que se suelen hacer acerca de un mismo suceso. Aplicado a las relaciones interpersonales, esto nos trae muchísimos problemas, pues siempre reaccionamos en consonancia con lo que percibimos.
El sufrimiento procede de una visión o interpretación errónea que conlleva pensamientos y sentimientos negativos, de los cuales surgen las correspondientes reacciones emocionales. Y con ellas vienen las palabras o silencios y lo que hacemos o dejamos de hacer. La respuesta que damos en cada situación de la vida está condicionada por nuestra percepción. Controlar a la fuerza nuestras reacciones sólo produce efectos parciales y transitorios. La percepción es la causa. Cambiando la percepción cambiamos de raíz nuestras reacciones internas y externas, de modo natural. Por ese motivo, para solucionar un problema se requiere un cambio de visión, una interpretación diferente que no provoque ninguna forma de dolor o miedo. Desde esa nueva visión vamos dejando de percibir el problema mientras la solución comienza a revelarse.
La herida psíquica no es un proceso pasivo sino activo. Un mismo hecho se puede dejar atrás en un minuto o se puede arrastrar durante años. La mente construye la herida con hechos que pueden ser aciertos o errores de los demás. La construcción de la herida no depende de la intención de quien ataca sino de la intención inconsciente de quien percibe el hecho. Si decides no sentirte atacado, por mucho que la intención haya sido atacar, la herida psíquica no existirá. Pueden destruir tu cuerpo o tu persona, pero lo que tú eres de verdad, en esencia, no puede ser atacado ni con cuerpos ni con personas ni con nada en absoluto. No hay nada que lo pueda dañar pues vive en una dimensión más allá del espacio-tiempo. Todo trauma es la interpretación de un suceso del pasado que persiste en el presente. Es algo que se percibe, aunque ya no está aquí. Los traumas psíquicos leves o graves no contienen sucesos sino elaboraciones que se hacen con lo sucedido. La creación de una herida y su mantenimiento en el ahora dependen de la percepción que las alimenta. Pero mantener la percepción de una herida tiene sus “beneficios” inconscientes para la parte de la mente que los desea.
¿Y qué ocurre cuando alguien decide sentirse atacado, aunque no haya sido esa la intención de quien pareció ser un agresor? La herida aparecerá, por supuesto. Pero cuando alguien decide no sentirse agredido, a pesar de haber sido esa la intención del agresor, la herida no existe porque nunca nació. La mente tiene todo el poder de decidir lo que quiere sentir, algo que hace sin darse cuenta, en menos de una décima de segundo. Y no tiene necesariamente que ver con la intención de quien hizo o dejó de hacer algo que pudo considerarse un ataque.
La ciencia dice que la mente humana no conoce la realidad tal cual es; percibe tan sólo una representación de ella. Como decía antes, la percepción está limitada por dos factores: el rango de lo que captan nuestros sentidos y la interpretación subjetiva que la mente elabora con esos datos.
La física cuántica y las diferentes tradiciones místicas nos muestran un mapa que responde a muchos interrogantes que el viejo modelo no alcanzaba a contestar. Cuando nos acercamos a examinar la materia de la que está constituido un cuerpo, podemos ver que las células están formadas por moléculas y éstas se componen de átomos. Si miramos dentro de los átomos veremos que están construidos por partículas más pequeñas: electrones, protones, neutrones… y éstas a su vez por otras más pequeñas todavía, hasta llegar a las más diminutas partículas subatómicas que tienen la extraña propiedad de comportarse a veces como ondas. Si seguimos más allá de ellas, llegamos a un lugar donde parece que no hay nada. Los científicos llaman a ese lugar “el campo cuántico”. En ese nivel profundo todo lo que existe en el universo está unido a todo. Es una especie de red o matriz de la que nacen las ondas-partículas que constituyen la materia. En ese campo no hay nada aislado del resto; ahí todo está interconectado. La piedrecilla del camino está unida a la estrella lejana. Los árboles y la luna están tan unidos en este nivel como lo están entre sí todos los humanos, no importa a la distancia que se encuentren.
Este plano de la realidad es el objeto de estudio de la física cuántica quien nos dice que, con el simple hecho de mirar a una estrella, estamos haciendo que la estrella cambie. Esta afirmación parece increíble. La ciencia nos dice que la estrella cambia porque el observador y lo observado están interconectados en el nivel cuántico. Más aún, en el fondo, observador y observado en ese nivel son lo mismo. Como decía un gran físico, Erwin Schrodinger:
“Sujeto y objeto sólo son uno. No puede decirse que la barrera que los separa se haya venido abajo como resultado de los experimentos más recientes en las ciencias físicas, pues esa barrera no existe.”
Algunos científicos se atreven a dar un paso más, un paso que conecta con lo que los místicos de las diferentes corrientes espirituales del planeta han experimentado en sí mismos a lo largo de la historia. La estrella cambia porque está en la mente. El universo físico entero está en la mente. Pero no estamos hablando aquí de la pequeña mente limitada que conocemos y con la que funcionamos todos los días. Estamos hablando de la enorme Mente inconsciente, una mente cuántica de la que estamos 100% desconectados en esta breve experiencia espacio-temporal. Se trata de un gran campo de inteligencia, una mente que compartimos todas las mentes que parecen estar separadas entre sí pero que permanecen unidas en ese nivel. Tal como está unida en su base una cordillera de montañas por mucho que sus picos parezcan tener una identidad separada. Tal como cada ola del mar permanece unida a la totalidad del océano, durante el corto lapso de tiempo en el que parece nacer y morir.
Entonces, como decíamos, la percepción no es un fenómeno pasivo mediante el que se capta con objetividad lo que está sucediendo. Se trata de un proceso muy activo mediante el que la mente crea una representación subjetiva de los acontecimientos y las relaciones interpersonales. La mente está creando de manera constante. No descansa ni aún en sueños, aunque el cerebro sí precisa de un relativo descanso. La mente crea las imágenes y sensaciones oníricas que percibe en los sueños nocturnos, de una manera semejante a las fantasías que tenemos cuando soñamos despiertos. Son imágenes y sonidos que han sido creados; no están ahí. Del mismo modo la mente también crea las imágenes y sensaciones que percibe en ese estado de conciencia que llamamos vigilia; en el que transcurre nuestra vida cotidiana.
Lo que experimenta la mente depende de lo que percibe. Y lo que percibe depende de lo que quiere percibir… inconscientemente. Vemos lo que queremos ver. Nunca es casual la interpretación específica que la mente hace de lo que percibe.
“No vemos las cosas tal como son sino tal como somos.”
El Talmud
Tal vez a estas sabias palabras de la tradición judía se le podría añadir: “… tal como creemos que somos”. Pues proyectamos afuera lo que creemos ser por dentro. Las imágenes que percibimos de las personas y las cosas están relacionadas con la imagen inconsciente que tenemos de nosotros mismos. Sobre este respecto dice la sabiduría popular a través del refranero: “Cree el ladrón que todos son de su condición”. No solo el ladrón ve posibles robos, también el santo se enfoca en santidades. Pero no es necesario ser ladrón, basta con creer que lo somos. Percibimos en el exterior un reflejo del mundo interno. De hecho, interior y exterior no existen; todo es uno. El exterior es la pantalla sobre la que se refleja la película que cada uno lleva en su mente. Hay películas con guiones muy diferentes, pero en el fondo todas se parecen en algo: o generan amor y paz o generan miedo y conflicto.
Cada uno tiene sus propias lentes que deforman lo que percibe. Todos llevamos puestas unas “gafas perceptivas”. Es como si en sus cristales se proyectara una película que se entremezcla con lo que llamamos realidad. Parece que podemos ver a través de las gafas, pero éstas son más opacas que transparentes. A pesar de eso, todo el mundo cree en la realidad de lo que ve. Parece que solo creemos en lo que podemos ver, pero se trata más bien al revés. Como dice el título de un libro: “Si no lo creo, no lo veo”. De este modo caminamos por la vida y nos relacionamos con los acontecimientos y con las personas creyendo que vemos la verdad acerca de los demás y de lo que está sucediendo. Pero olvidamos que en nuestras lentes se están proyectando las imágenes de la película que nuestro inconsciente desea. Y eso es lo que realmente vemos.
Como dijo Sócrates: “Solo sé que no sé nada.”
O también del mismo sabio: “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.”
Ahí se resume una actitud, una duda sana, a partir de una reflexión profunda que nos permite reconocer la limitación de la experiencia humana con sus errores perceptivos. Esta aceptación es la condición necesaria para corregirlos. El humilde reconocimiento de la ceguera es lo único que nos puede llevar a recuperar la vista perdida. Puede darnos alas para ampliar y madurar, paso a paso, nuestra capacidad perceptiva. Nos va acercando a un estado de conciencia en el que hay paz y, por tanto, el sufrimiento cesa.
Si conociéramos las creencias y deseos que contiene el complejo universo de la mente humana podríamos actuar en consecuencia. Pero no somos conscientes de la mayor parte de sus contenidos, del mismo modo en que apenas sale en la pantalla del ordenador una ínfima parte de toda la información del disco duro. Lo que llamamos mente consciente constituye tan solo la puntita del enorme iceberg de una mente dotada de inusitado poder. Es esa gran mente, inconsciente, la que genera la realidad que percibimos. Y es en una parte de esa mente, llamada el tomador de decisiones (en ese nivel), en la que se encuentra la capacidad de elegir a cada instante el Ser que realmente somos o seguir eligiendo (ojalá que cada vez más conscientemente) el ego, lo que creemos ser, que es lo que nos genera sufrimiento, lo que ya llevo comentando en otros artículos y vídeos.
Cuando aceptamos la naturaleza subjetiva de lo que percibimos, podemos entender mejor una de las leyes fundamentales de la percepción que dice que lo que se ve refleja el estado mental del perceptor. Lo que se ve no refleja la realidad “externa” sino la “interna”. Lo que percibimos acerca de alguien no nos habla de esa persona sino de nosotros mismos. Si tuviéramos esto en cuenta, todas nuestras relaciones interpersonales gozarían de un mejor nivel de salud. Pues si en el fondo vemos lo que queremos ver, deberíamos tener en cuenta a la parte de nuestra mente que comete errores con respecto a lo que quiere ver. En la mente inconsciente existe un conflicto que se manifiesta cíclicamente en nuestra consciencia. En algunas ocasiones experimentamos sensaciones de amor y felicidad inefables. Pero cada cierto tiempo, también, entramos en un agujero de oscuridad en el que el amor parece no existir y su opuesto, el miedo, ha impregnado toda nuestra pantalla con sufrimiento… en cualquiera de sus formas. Esta mente de la que hablamos, oscila entre dos sistemas de pensamiento, o de percepción entre los que elegimos a diario sin saberlo.
Pero poco a poco, si quieres y solo en la medida que vayas queriendo, puedes ir haciéndolo consciente. Da igual si estamos en el ego, que es lo normal, o estamos en el Ser (casi nunca por el miedo inconsciente que sentimos). Lo importante en principio, es que simplemente nos demos cuenta, nos lo reconozcamos y no lo escondamos o justifiquemos. Eso es lo mejor que podemos hacer, con mucha paciencia, práctica y tan amable contig@ mism@ como puedas en cada momento.
Este texto está basado en el escrito “Percepción y Autoconocimiento: Bases Teóricas” de mi amigo y compañero José Luis Gil Monteagudo. Médico y Psicoterapeuta.
Algo que no he dicho y es muy importante, es que la apertura de las bases de los dedos y el enraizamiento correcto de los pies y de las manos, además de afectar positivamente a todo el cuerpo, estructura ósea, músculos, nervios… abre, refuerza y protege todas las articulaciones. Sobre todo las de los tobillos, rodillas, muñecas y codos. Aunque a priori un@ no se dé cuenta. Con la práctica se va tomando progresivamente más conciencia de ello.
El enraizamiento correcto se refiere al apoyo bien establecido, distribuyendo todo el peso por igual en toda la planta del pie, alargado y ensanchado. Las palmas de las manos hay que abrirlas y alargarlas también, e ir apoyando el nacimiento (la base) del dedo índice.
Aunque los pies y las manos no formen parte de la base de una determinada postura hay que mantenerlos siempre vitales, vibrantes y activos, mientras el núcleo del cuerpo (del ano al cerebro: ano, ombligo, garganta, mandíbulas, ojos, frente y orejas) permanece relajado, pasivo y receptivo. La energía bloqueada por la tensión en el núcleo del cuerpo se desplaza hacia la periferia y se distribuye por todo el cuerpo como potencial para la actividad, la nutrición o el rejuvenecimiento.
Los pies y las manos, al estar en la periferia misma de nuestra estructura física, se mantienen en oposición complementaria respecto al centro de la estructura: el núcleo de nuestro cuerpo. Se crea así un intenso potencial dinámico entre ellos, que si se activa puede cargar todo el cuerpo de vitalidad. He aquí porque mantenemos pies y manos vitales, vibrantes y activos y el núcleo del cuerpo relajado, pasivo y receptivo.
Como ya he comentado en el vídeo, en la postura de sentad@ con las piernas estiradas hacia delante, no deben extenderse los pies hacia delante exageradamente, como haría un bailarín, ya que produciría calambres en la eminencia plantar y estiraría excesivamente la parte anterior del tobillo, tensando el tendón de Aquiles. Las cuatro caras de la articulación del tobillo deben estar abiertas por igual, lo que significa que ninguna de ellas tiene que alcanzar su límite, pero tampoco ninguna se bloquea. Igualmente, los pies no deben flexionarse, llevándose hacia atrás con los dedos hacia las rodillas, lo que estiraría excesivamente el tendón de Aquiles, bloquearía la parte anterior del tobillo y acortaría la tibia. Los dedos del pie deben estar extendidos suavemente, como irradiando de la eminencia plantar, más bien hacia arriba que hacia delante, sin tensión añadida, ni en los dedos ni en los tendones.
En cuanto a las manos, gracias al alargamiento de los dedos y al ensanchamiento de las palmas, los músculos del brazo se alargan y se sueldan a los huesos. Esta acción es parte del modo global mediante el cual se extienden, estiran y estabilizan cuando se sostienen libres en el espacio (sin apoyo) tanto horizontal como verticalmente.
Para acabar quiero corregir una palabra, ya que la he dicho en catalán en lugar de en castellano, jeje. Cuando digo que se “enrampan” los dedos de los pies, me refería a que se contraen o, más literalmente, que dan calambres.
Buena práctica compañer@, teniendo en cuenta tus manos y, aunque estén lejos, también tus pies, pues ellos sostienen tu cuerpo, al menos para estar de pie y andar, bailar, saltar, correr…
En el minuto 8:27 del vídeo, cuando digo: … “y si esperamos a estar bien para que se solucione lo de fuera, nunca viene…” No quería decir eso. Me quería referir a lo que he comentado algunas veces: que si esperamos a que lo de fuera esté como creemos que tiene que estar (lo que acontece en nuestra vida) para sentirnos bien, nunca estaremos bien, porque siempre hay algo que solucionar afuera. Y como sí digo, podemos decidir estar bien, aunque las cosas parezcan ir mal. De hecho, si dependemos de lo que parece suceder nunca estaremos realmente bien.
Para eso hay que darse cuenta de que la percepción es subjetiva, totalmente, aunque no lo parezca. Podemos aprender a tomarnos las cosas de otra manera. En ningún caso hay que negar lo que sentimos, eso sería peor todavía. Pero sí que podemos aprender a cuestionarnos la forma de ver y darnos cuenta de los efectos que tiene sobre nosotros. Naturalmente que, si hay algún suceso fuerte en mi vida, es muy normal que me afecte y es necesario pasar el “luto”. Pero a medida que vamos practicando y aplicando, vamos viendo, primero en las pequeñas cosas cotidianas que también nos afectan, como podemos ir viendo de otra manera y como nos afectan o no, en función de cómo nos las vamos tomando, de cómo las queremos ver. Pero eso requiere un trabajo de ir dándose cuenta de cómo mantenemos ciertos patrones para escapar de nuestra auto responsabilidad.
Tengo pendiente hablar sobre la percepción. Para terminar con este artículo, me gustaría recordar lo que es la Forma y lo que es el Contenido. Siempre es muy conveniente recordarlo para aclarar las cosas, porque a menudo los confundimos. Creo que para ocupar nuestro lugar es primordial aprender a ser honest@s con nosotr@s mism@s, y este también sería un tema aparte.
La Forma es lo que hacemos, el cuerpo, el comportamiento; y el Contenido, es lo que “hacemos” en la mente, por dentro, los pensamientos. Lo importante es lo que hacemos por dentro. Si actuamos desde “los intereses compartidos” (en vez de desde los intereses separados), desde la paz, no nos tenemos que preocupar por lo que tenemos que hacer, pues el comportamiento seguirá de forma natural, de una manera o de otra, al Contenido. Igual con el Contenido de “los intereses separados”, desde el miedo, el juicio, la defensa…el comportamiento, por mucho que lo disfracemos, reflejará de una forma o de otra al Contenido.
Entonces, el tener un Contenido de inclusión en lugar del de exclusión, no significa que tenga que estar con la persona físicamente o estar de acuerdo con ella. Puedo, además, y debo, si lo creo necesario, ponerle límites en la forma. A veces es más amoroso decir NO. Por ejemplo, quien tiene niños o trabaja con ellos sabe muy bien que hay que ponerles límites frecuentemente. Pero si se hace con desprecio o enfado conseguirá poco, a no ser por el miedo, y además se lo pasará mal. El hacer las cosas por imposición puede tener resultados más inmediatos, pero a la larga no funcionará y además se pagará un alto precio. E igualmente el permitir o decir sí, por no entrar en conflicto o por querer gustar o para que te quieran, al final y no tan al final, será pagar un precio muy alto también, en detrimento de tu propia libertad y dignidad. En definitiva, nos lo pasaremos muy mal.
Entonces, no tiene por qué seguir siendo así. ¿No te parece?
Cuando sentimos dolor, malestar o enfermedad en el cuerpo, esta sensación suele atraparnos y, como es normal, solo queremos que desaparezca o al menos que se alivie. Nuestra atención, nuestros deseos se enfocan a curar el síntoma. Quizá pensemos en la causa, pero a menudo creemos que la causa también es corporal o de comportamiento. No solemos llegar más que a capas superficiales en la búsqueda de la causa, aunque a veces creamos haber encontrado la causa principal.
Aunque no somos conscientes de este temor, nos asusta profundizar de verdad. De forma inconsciente, nos sentimos culpables porque algo no anda bien en nosotros, “¿qué habré hecho yo para merecer esto?”, aunque crea que no he hecho nada, no me dé cuenta o quizá no esté dispuest@ a reconocerlo. En realidad, es a la inversa, algo no anda bien porque nos sentimos culpables, pero eso está anclado más profundamente todavía en el inconsciente.
Lo que importa, en principio, es, ¿qué puedo hacer yo con ese dolor o esa disfunción que me aqueja? En este mundo es normal que haya dolor y enfermedad, no es ningún crimen estar enfermo o tener dolor. Pero, ¿cómo lidiamos con él? ¿Cómo lidiamos mentalmente con el dolor?
Tenemos la medicina occidental, la que llamamos convencional, la medicina alopática, que a menudo es muy necesaria con sus medicinas, tratamientos, intervenciones quirúrgicas, etc. Y que a veces parecen poner fin definitivo a algún mal o enfermedad corporal. A veces podría ocurrir así. Sin embargo, si hay algo que está pidiendo curación, se manifestará de algún otro modo hasta que esté sanado. Inevitablemente, lo que nos está ocurriendo por dentro se va a ir manifestando, reflejando, ya sea a nivel corporal, energético, emocional o psicológico. La medicina tradicional India (ayurveda) y la China, dicen que cualquier manifestación física procede de la mente, después pasa al emocional, después al cuerpo energético y finalmente al físico. Pero no siempre lo notamos o le prestamos verdadera atención a la señal que nos está dando, hasta que llega al cuerpo y duele o presenta algún tipo de limitación, entonces sí, claro.
Hay remedios más naturales, o alternativos que pertenecen al ámbito de la materia, como las dietas alimenticias, vitaminas, fitoterapia (plantas), por ejemplo. Hay otros energéticos como la Acupuntura o el Reiki, entre muchos otros. Existen otros tantos que son físico-energéticos, como el Yoga, el Tai-Chi, Shiatsu y otros tipos de masaje, y también algunas artes marciales y muchas otras formas más o menos conocidas. También hay terapias más enfocadas a lo emocional, Inteligencia Emocional, gestión de emociones, etc. Y por supuesto la Meditación y el Yoga que actúa desde el mental. Y otras terapias psico-emocionales como la Gestalt y otras muchas. Algunas incluso pueden combinar lo físico, energético, emocional y psicológico. Incluso terapias que se dicen espirituales, transpersonales o terapias del alma. Y claro que pueden funcionar en algún o en varios niveles, y a menudo lo hacen.
Sin embargo, hablar de algo más o a un nivel más profundo, a veces en lugar de ayudar, podría empeorar, porque nos puede producir confusión, desconfianza, miedo, escepticismo y, en definitiva, puede ser contraproducente si no se está preparado para ello. Aunque, normalmente, cada un@ recibirá lo que tenga que recibir en cada momento y le ayude en su proceso. Y como he dicho algunas veces, si algo no te cuadra, lo sueltas o lo descartas, y ya está.
Yo mismo, frecuentemente he escrito en mis artículos ya en esta dirección, sin interesarme para nada en el ocultismo, o dijéramos, lo paranormal. He hablado de la identificación con el cuerpo, del ego, de la percepción, del perdón y de bastante más. Y nos parece imposible que el dolor corporal tenga algo que ver con todo eso. Pero, por ejemplo, sin ir más lejos, recuerda que lo psico-somático cada vez está más comprobado. Además, tiene una lógica aplastante y todos lo vivimos de una manera o de otra, aunque no lo veamos o no lo queramos ver o abordar. Un@ se puede literalmente cagar de miedo, por ejemplo. Eso no quiere decir que cuando tengas miedo te lo hagas encima, pero si quiere decir que el miedo no puede dejar de tener sus consecuencias.
Sin embargo, como digo con una cierta frecuencia, se puede estar teóricamente sanísimo y que todo esté bien en un chequeo y, aun así, estar amargado. Y en cambio se puede estar enfermo y estar en paz. Entonces ¿de dónde viene todo? La paz ¿está afuera o está adentro? ¿Depende de los acontecimientos externos, de lo que parezca pasar en tu vida, incluido tu cuerpo?
Todos tenemos que hacer lo que creamos de tenemos que hacer, de hecho, no puede ser de otra manera. Incluso aunque no sepas qué hacer, acabarás haciendo o dejando de hacer aquello que tú quieras o creas, sea de forma consciente o inconsciente. Por mucho que creas que no has hecho lo que querías, o sí, lo único que importa es cómo decides tomártelo.
Si lo que quieres hacer es evitar el dolor en la medida de lo posible, o acortar el tiempo de dolor o sufrimiento, mi experiencia es que hay que abordarlo en el nivel de la mente. Ni siquiera a nivel psicológico. Me refiero a la parte de la mente que puede decidir entre el ego y el Ser. Que es simplemente aprender a cuestionar nuestra percepción, cómo estamos viendo las cosas, cómo nos las tomamos. Ser un poco más consciente de nuestro mundo interior, nuestras relaciones, los resentimientos que guardamos, los juicios. ¿Crees acaso, por ejemplo, que negar o justificar tu odio (o tu falta de aprecio, si lo quieres llamar así) va a paliar los efectos que este tenga en ti? ¿Crees que eso no afecta a tus sentimientos, emociones y a tu cuerpo al final o no tan al final?
Mientras no estamos en este punto (que no creemos o no nos queremos plantear nada de esto) aunque queramos estar o lo intentemos, si no estamos ahí pues no estamos, está bien tal como está, y es así por algo. Es de lo más importante, ser honest@. Sin esto no podemos dar el primer paso. De hecho, este es el primer paso. Entonces, hacemos lo que podemos, lo que creemos conveniente. Abordamos el nivel que estamos dispuestos a abordar, el físico, el de la materia, la medicina occidental, homeopática, naturista, oriental, energética, vibracional, o lo que sea que investigando o sin hacerlo llegue a ti.
Es importante que no creas que has de decantarte solo por un método, podemos perfectamente medicarnos, por ejemplo, si eso nos ayuda, al tiempo que estamos entrenando nuestra mente a ver las cosas de otra manera. De hecho, normalmente, hasta que nos damos cuenta de que todo falla o que no es suficiente, no nos damos la vuelta a contemplar la posibilidad de abrirnos a un mundo que está dentro y nos espera. Ahí todas las respuestas se van obteniendo, dentro de ti. Pero ya sabes que es un camino, un entrenamiento mental, feliz en la medida que vamos soltando los miedos, las resistencias. Mientras tanto, como siempre, hacemos lo que sabemos, creemos, podemos y queremos, naturalmente.
Aunque en la mayoría de mis artículos, excepto los que se refieren más a las formas o técnicas yóguicas, están más o menos explícitamente dirigidos a lo que dice el título de este, miraré de abordarlo de nuevo, quizá de una forma más práctica. Nunca está de más. De hecho, hace falta hablarlo muchas veces y de diversas maneras, para que, con el tiempo y sobre todo con la práctica, claro, vaya calando y se vaya aplicando cada vez más al ver los resultados.
Si nos damos cuenta de que son los pensamientos los que generan sentimientos, emociones, conductas y reacciones fisiológicas dolorosas, podremos dirigir nuestra práctica hacia una labor de autoobservación. Ir desarrollando una atención tranquila y relajada hacia un@ mism@, para detectar aquellos pensamientos que no nos hacen nada bien, que alimentamos sin darnos cuenta y que, de hecho, nos hacen sufrir. Si queremos ir del miedo al amor, del conflicto a la paz, en algún momento tendremos que empezar a cuestionar nuestras creencias erróneas que son las que nos producen malestar, falta de paz y, en definitiva, sufrimiento.
Como recordarás o te sonará al menos, si has estado leyendo mis artículos, nuestra mente está dividida. En el artículo que publiqué el 20 de septiembre titulado “¿qué es el ego?” hablé de ello, así como en otros artículos. Al estar identificados con lo que no somos, un cuerpo (el yo físico y psicológico), funcionamos con el sistema de pensamiento del ego, basado en la creencia en que estamos separados, en la culpa inconsciente, el miedo, el ataque y la defensa. Para pasar de este, al sistema de pensamiento del Ser Verdadero, del Amor, primero es necesario que nos demos cuenta de que ambos están en cada un@ de tod@s nosotr@s, en la mente, y de que, por tanto, hay otra parte de la mente que está capacitada para elegir entre uno o el otro.
Lo que ocurre es que, si estamos operando con el sistema de pensamiento del ego, nos demos cuenta o no, es por algo, claro. Por supuesto, mientras estamos ahí, como todos en principio, al menos la gran mayoría del tiempo, es porque creemos que es lo que nos conviene.
Lo que todos querríamos, es estar mejor, supuestamente, libres de cargas o bloqueos emocionales, sentirnos libres, fuertes, flexibles, autónomos, con la mente clara, pero claro, manteniendo nuestro sistema de creencias intacto, o cambiándolo lo menos posible, pues es lo que creemos que nos define y nos protege, jeje.
“¡Sí hombre, con todo lo que me ha costado construirme un ego sólido, a lo largo de toda mi vida, mejor o peor, pero con lo que me ha costado llegar a ser lo que soy (parezca gustarme más o menos -no importa- esa imagen que me he creado de mí mism@) y ahora me lo voy a cargar de un plumazo, jajaja, estás tú bueno!”, nos decimos internamente ante cualquier sospecha de que algo pueda hacer peligrar ese “yo” tan preciado y al cual nos aferramos contra viento y marea, tan arraigadamente.
Si no vemos, aunque sea levemente, esa parte de nuestra mente (ego) que nos dice eso, no vamos a poder deshacerlo y nos boicoteará constantemente y ni siquiera nos daremos cuenta de ello. No nos querremos dar cuenta de ello y proyectaremos la razón de nuestro malestar o disgusto en cualquier persona, colectivo o situación externa (artículo de “La negación y la proyección”).
Todo eso es muy normal, de hecho, es lo más normal del mundo, y hasta que, de alguna manera, no estemos dispuest@s a verlo, no lo podremos ir deshaciendo. Además, antes, un@ tiene que darse cuenta de que ese sistema de pensamiento ya no le satisface. Hasta que no nos cansemos verdaderamente de este sistema de pensamiento, dándonos cuenta de hacia dónde nos lleva, no habrá manera de que empecemos a decidir soltarlo.
De hecho, aunque el ego está fuera del espacio-tiempo, en esta vida, antes de empezar a cuestionarse deshacer el ego, hace falta justamente haberse construido uno bien definido, como persona. Haber logrado de alguna manera un lugar en el mundo, un cierto reconocimiento, unos estudios, un trabajo, una familia, aficiones, pasiones… Es decir, haber llegado a lograr cosas en la vida, de alguna manera, haber pasado por muchas etapas y situaciones, tener una cierta experiencia en la vida, para darse cuenta de que aquello que pensabas que te haría feliz, en realidad no lo hace. Por eso, aunque siempre hay excepciones, normalmente hasta que no se tiene una cierta edad, un@ para nada se plantea seriamente estas cosas. Estamos interesad@s en las cosas del mundo, donde creemos todavía que hay algo que obtener.
La manera de empezar a soltar el sistema de pensamiento del ego, como decía antes, es paradójicamente, observarlo sin juzgarlo y sin juzgarnos por tener estos pensamientos. De hecho, el ego no es el problema. El único problema es tomárselo en serio, ese es su propio juego, su alimento, el juicio. En la medida que lo intentamos cambiar, resulta peor todavía, a la larga tod@s podemos reconocer que eso no funciona. Intentar cambiarlo, a la fuerza o con las estrategias que quieras, tal como negarlo, es darle más realidad todavía. Es una forma de darle más fuerza, tal como justificarlo o ser evasivamente indulgente con estos pensamientos egóicos. Y siempre empezando primero, naturalmente, por los pensamientos que nos damos cuenta que no nos hacen bien.
Como dice mi amigo José Luis Gil Monteagudo: “Todo esfuerzo debe ir dirigido a una amable vigilancia de la mente para detectar cualquier pensamiento al que le hemos dado el poder de hacernos daño. Y dejarlo caer en la nada de donde surgió.”
Hace tiempo que quiero hablar de la percepción, en un artículo. Un punto clave y crucial para poder abordar con éxito el ver las cosas de una manera o de otra. Y aunque también he hablado de ello en alguna ocasión, creo que lo abordaré más concretamente.
En necesario darnos cuenta de que las situaciones y lo que ocurre, a menudo no lo podemos cambiar, pero lo que sí podemos cambiar es la interpretación que le damos, la forma en que decidimos tomarnos lo que ocurre o parece ocurrir. La forma de ver. Y eso es lo que marca la diferencia real, lo que hace que experimentemos la paz o la falta de ella.
Como dice José Luis también, “nos vamos dando cuenta de que, aunque en el nivel del cuerpo y el mundo tenemos múltiples limitaciones, en el nivel de la mente tenemos la capacidad para manejar a voluntad el 100% de pensamientos y sentimientos.”
El hecho de tener en cuenta que todo el mundo tenemos una mente con un sistema de pensamiento dirigido por el ego y otro sistema de pensamiento dirigido por nuestro Ser verdadero y otra parte de la mente que puede elegir entre uno o el otro, nos hace darnos cuenta de que, en el contenido, en la mente, todos somos iguales. Aunque en la forma y en la personalidad, cultura, raza, credos y creencias podamos ser muy diferentes. Si hacemos de las diferencias algo tan real y mantenemos esa creencia en la separación, no podremos sentir el Amor, que todo lo incluye y no excluye a nada ni a nadie. No es posible atacar aquello que sientes realmente como tu igual. Recuerda o revisa, si quieres, el artículo de “Los tres pasos del verdadero perdón”.
Aquí tienes esta visualización, para que, cuando te apetezca y quieras probar, te sumerjas hacia dentro de ti, para encontrar y disfrutar, en cualquier caso, hasta donde llegues en cada momento, de la Paz y el Amor puros, profundos que moran en nuestro interior, en el centro de nuestra mente.
Aprovecha la guía de mi voz, si te va bien, para ir a lo profundo de tu conciencia y quizá más allá, donde reside la Paz Inmutable, más allá de este mundo de formas y limitaciones. Para que, aunque solo sea un poquito y por unos instantes, recuerdes el enorme poder que tienes para elegir la Paz o la falta de ella.
Y aunque ahora puede que no lo parezca en absoluto, a medida nos vamos dando cuenta, con la práctica de ir entrenándonos mentalmente, vemos que también podemos ir eligiendo en el día a día, en lo cotidiano. Luego a cada instante, e incluso, con el tiempo, dentro de la adversidad o el aparente caos. Pero antes de eso, nos vamos dando cuenta “a toro pasado”, a posteriori. Cuando ya ha pasado el mal trago inicial, podemos aprender a decidir a ir soltando los juicios, que tanto nos hacen sufrir, y por tanto ir eligiendo la Paz por encima de todo. Siempre si tú quieres, claro. Cada uno decide siempre, no puede ser de otra manera, se dé cuenta o no.
Feliz práctica compañer@ de camino. Pues en cualquier caso y aunque no lo parezca, todos estamos en el mismo barco. Unas veces hacemos de mariner@s, otras de capitán, a veces nos toca fregar la cubierta, y otras veces llevamos el timón. En ocasiones damos órdenes y en ocasiones las recibimos. A veces nos encontramos con fuertes tormentas y a veces con mar de calma. Y aunque a menudo pueda parecer que llevamos demasiado tiempo en el mismo rol, la percepción siempre está distorsionada y en definitiva el barco nos llevará a todos al mismo lugar. Al margen de que unos parezcan irse antes y otros después, todos sufrimos en definitiva por lo mismo y todos anhelamos lo mismo en el fondo, aunque sea expresado de diferentes formas.
La respiración es, al mismo tiempo, un indicador y una llave. Por un lado indica, como un termómetro, la “temperatura” emocional en la que nos encontramos. Los pensamientos generan esos estados internos que llamamos sentimientos que, a su vez, se traducen en manifestaciones emocionales positivas o negativas que se derivan de pensamientos semejantes.
La psique tiene sus manifestaciones somáticas: sobre el sistema nervioso, sistema endocrino, inmunitario y sobre la matriz viviente de tejido conjuntivo. La respiración refleja fielmente los efectos somáticos de los procesos psíquicos. El tono de un simple suspiro basta para conocer de manera intuitiva el estado interno de quien lo ha generado. Dicho en tono poético:
“Basta un simple pensamiento para cambiar nuestra pauta respiratoria” Ilse Middendorf
Sin embargo, lo maravilloso de la respiración es que no solo es un fiel indicador de lo que está sucediendo en las profundidades de alguien, sino que también es una llave para modificar estados fisiológicos, lo cual puede ser de ayuda para cambiar los pensamientos que son la causa de todos los efectos psicofísicos. Mediante sencillos ejercicios de respiración se puede disolver el estado de estrés en el que predomina el sistema nervioso simpático, hacia un estado de relajación en el que predomina el sistema nervioso parasimpático. Este cambio neurofisiológico no tiene el poder de cambiar los pensamientos (ni el nivel de la materia ni el nivel de la energía tienen supremacía sobre el nivel de la mente) pero sí tiene la capacidad para propiciar o facilitar ese cambio. Es más fácil dejar de alimentar pensamientos negativos en un estado fisiológico de relajación que en un estado corporal en el que la tensión impera.
Hay que tener en cuenta que la emociones responden en última instancia a la percepción que tenemos de una situación determinada. Por ejemplo, para alguien que está sentado en el sofá tranquilamente, basta un solo pensamiento negativo (o positivo) alimentado durante un minuto para que se hayan alterado de manera significativa sus emociones. Las emociones no vienen determinadas por sucesos externos sino, ante todo, por la interpretación subjetiva de esos hechos. Es esa interpretación la que da lugar a la percepción de la situación, que puede ser muy variable según cada persona.
La respiración consciente, relajada y profunda es capaz de equilibrar el sistema nervioso vegetativo o autónomo, mediante una desactivación del sistema nervioso simpático y una activación del parasimpático. También es capaz de equilibrar el sistema nervioso sensitivo y motor, mejorando prácticamente todos los procesos y sistema fisiológicos. También es un buena inductora del sueño mejorando la calidad del descanso nocturno. Un simple acto de respiración puede incluso generar un estado fisiológico antiinflamatorio comprobable mediante una disminución de los indicadores inflamatorios.
Hay que tener en cuenta que la respiración acelerada y superficial del síndrome de estrés tiende a cronificarse, de manera que respiramos básicamente con la parte alta del tórax, sobre todo en la región clavicular y torácica, mientras que el diafragma, que es el verdadero motos de la respiración, se utiliza relativamente poco. De este modo, el organismo emplea mucha energía para obtener una ventilación poco eficaz. Además se ha demostrado que la respiración clavicular activa el sistema nervioso simpático, reforzando el estado de alerta mantenido y consecuente tensión.
Por eso es muy importante restaurar la respiración abdominal. La manera más simple y fácil es practicando la respiración profunda, serena y completa.
RESPIRAR POR LA NARIZ EVITANDO RESPIRAR POR LA BOCA
La nariz contiene los cornetes nasales, que suelen ser tres en cada fosa nasal, por donde tiene que pasar el aire para que puede ser calentado, humidificado y filtrado. Por ese motivo respirar por la boca hace que el aire inhalado no llegue a las vías respiratorias suficientemente calentado, humidificado y filtrado de impurezas. Respirar por la nariz es fundamental por muchas razones.
La respiración por la boca genera una cierta deshidratación, pues aumenta en un 40% la pérdida de agua. Respirar por la boca contribuye a la periodontitis, caries y halitosis (mal aliento).
Respirar por la nariz también libera en la mucosa nasal cantidades significativas de óxido nítrico, también llamado monóxido de nitrógeno (NO), que tiene efectos fisiológicos importantes sobre la circulación al producir vasodilatación generando una mejora de la circulación sanguínea y de la oxigenación de los tejidos. También influye positivamente sobre la sexualidad, el sistema inmune y el estado de ánimo.
Hay un ejercicio muy simple y efectivo que genera estos efectos. Canturrear con la boca cerrada es un ejercicio capaz de aumentar hasta 15 veces los niveles de óxido nítrico liberado en las fosas nasales. Se trata de respirar con normalidad tarareando una canción o un sonido con los labios cerrados. Se puede practicar al menos 5 minutos diarios. En caso de tener dificultades para respirar por la nariz hay una técnica para descongestionar la nariz. Sentados con la espalda recta dejamos salir el aire en una exhalación suave. Después tapamos los dos orificios nasales durante unos instantes y los mantenemos tapados hasta que aparezca una sensación intensa de falta de aire. Entonces respiramos lenta, controlada y suavemente por la nariz (aunque si sigue taponada lo haremos por la boca con los labios fruncidos). Respiramos así calmadamente entre medio minuto y un minuto y repetimos el ciclo de nuevo unas seis veces.
RESPIRAR LENTAMENTE Y MENOS CANTIDAD, PARA OBTENER UNA MEJOR CALIDAD DE LA RESPIRACION Y DE SUS EFECTOS CURATIVOS
Respirar lenta y suavemente profundo, rítmica, fluidamente y de forma regular y constante.
Una respiración tranquila genera de modo natural unos niveles óptimos de CO2 dióxido de carbono que ayudan a generar un estado de relajación, paz y claridad. El CO2 es una especie de vitamina o de hormona, pues tiene una capacidad de regulación impresionante. Regula el nivel de oxigenación de todas las células y tienen efectos vasodilatadores que aumentan el aflujo de oxígeno y nutrientes a cada uno de los seres unicelulares de nuestro cuerpo.
Todo este texto está basado en “La respiración en el trabajo psico corporal” de mi querido amigo, compañero y profesor JOSÉ LUIS GIL MONTEAGUDO, Medico y Psicoterapeuta.
Quiero recordar que, el yoga, por supuesto, ayuda enormemente a liberar la respiración de sus restricciones y malos hábitos, y consecuentemente a respirar mucho mejor, con mayor calidad. No solo en los ejercicios respiratorios en sí, sino durante toda la clase de Hatha Yoga o Yoga Postural.
En los diversos ejercicios respiratorios del yoga, llamados prânâyâma, se propone respirar de diferentes maneras con diferentes finalidades. En definitiva, para ir acostumbrando al cuerpo-mente a ir liberando la propia respiración y sobre todo el Prâna (la energía vital).
En este vídeo, te muestro como puedes abordar algunas posturas de equilibrio. Desde las primeras fases de la postura. Y también algunos ejercicios preparatorios y de calentamiento, si te hacen falta y te van bien. Haz hasta donde llegues en cada momento, manteniendo la respiración consciente y tan tranquilamente como te permitas, sensible y honestamente. Ya ves que van de más fácil a más difícil. Según la práctica que tengas y la facilidad.
Hay gran variedad de âsanas de equilibrio, aguantándose únicamente con las manos, o los antebrazos, o con la cabeza y las manos o antebrazos (la clásica postura sobre la cabeza, que también hay que mantener el equilibrio). Incluso solo con la cabeza. (NO PRUEBES NADA POR TU CUENTA SI NO SABES HACERLO, Y LO HACES SIEMPRE CON UNA CIERTA COMODIDAD, FACILIDAD Y SEGURIDAD. A no ser que sean las primeras fases de la postura, y como te he comentado en el primer párrafo). También con un pie y una mano. Y existen también apoyándose solo en algunas partes del cuerpo, como en la parte alta de la espalda o en el sacro, incluso en la cadera. Pero las clásicas de equilibrio suelen hacerse intentando sostenerse solo con un pie apoyado y para los más avanzados elevando el talón (de puntillas).
Las posturas de equilibrio fortalecen las piernas, desarrollan la concentración, mejoran la estabilidad, fortalecen la columna vertebral, mejoran la circulación sanguínea, regulan el sistema nervioso, nos conectan con la tierra y reestablecen nuestro centro energético. Normalizan el funcionamiento del hígado, páncreas y bazo. Reducen el estreñimiento.
Al finalizar las posturas que hago de equilibrio, te muestro como puedes descender al suelo, a la esterilla, para estimular y fortalecer un poco más, y después poner tu espalda en la esterilla y compensar e incluso hacer una relajación si puedes y te permites.
Me he dado cuenta de que, en el vídeo, no te menciono que también va muy bien el clásico desperezamiento. Te propongo que te dejes hacerlo, sin prisa y a placer. Provocándolo, en principio, hasta que te surja de forma natural y si no es así, pues habrás estirado y llevado los brazos hacia arriba, abriendo y separando entre sí las costillas. Es muy placentero y te permite seguir sintiéndote renovad@.
Como el bostezo. También puedes provocarlo abriendo bien la boca, mientras vas inhalando a través de ella, para luego exhalar como si hicieras uno de verdad, imitándolo. Y seguramente después te salga de forma natural y si no, pues al menos habrás abierto las mandíbulas que va muy bien para soltar. Sobre todo, si te permites soltar con la exhalación. Incluso, si puedes (depende de donde estés), emitiendo el sonido “ahhh”. Eso ayuda mucho a destensar en general. ¡Compruébalo!
Ya hace tiempo que el bostezo se emplea como técnica de relajación, para destensar, como te comento y lo usan desde hace mucho tiempo en teatro, en talleres de teatro y como recurso rápido para antes de las actuaciones para soltar los nervios.
Puedes provocar el bostezo por sí solo. Y si te desperezas, pruébalo junto con el bostezo, como si lo hicieras después de un gran sueño reparador. Y ya verás…